En el Bera Bera Rugby Taldea conviven generaciones, trayectorias y momentos vitales muy distintos. Desde quienes empiezan a descubrir el balón ovalado hasta quienes llevan décadas sintiendo el rugby en la piel.
En ese ecosistema tan propio del club, hay dos grupos que representan algo más que entrenamientos y partidos: las Blasfemmes y el grupo de veteranos Gurdizaharrak.
En junio de 2026, el Bera Bera cumplirá 40 años de historia. Cuatro décadas después, el club es mucho más que rugby, pero su origen está precisamente ahí: en un balón ovalado, en un grupo de amigos y en unas ganas enormes de crear algo propio.
El nacimiento del Bera Bera se remonta a una reunión en la sociedad Aitzaki, en Lo Viejo. Allí se lanzó una propuesta tan sencilla como ambiciosa: formar un nuevo equipo de rugby
Hace diez años, el rugby femenino en el Bera Bera volvió a echar a andar casi desde cero. No fue un proyecto diseñado a largo plazo ni una apuesta institucional cerrada, sino el resultado de una propuesta del club que reunió a unas pocas jugadoras con curiosidad y ganas de probar. Aquel primer encuentro dio paso a los primeros entrenamientos de un deporte que casi ninguna conocía y, poco a poco, a un equipo que empezó a crecer, a tomar forma y a construir un camino propio dentro del club.
Antón Legorburu (24 años · 183 cm · 84 kg) es uno de los grandes nombres del rugby seven estatal. Formado íntegramente en la cantera del Bera Bera, debutó con la Selección Española el 1 de diciembre de 2023 en Dubái.
Casi dos años después, este sábado 29 de noviembre volverá a competir en el mismo escenario, en el inicio de las Series Mundiales (SVNS) de Dubái – Ciudad del Cabo, donde España arrancará enfrentándose a Australia.
Antón, lo primero… Sabemos que empezaste en el rugby porque tu aita jugaba en el Bera Bera. ¿Cómo recuerdas esos primeros años y qué te enganchó del deporte?
En Bera Bera el rugby se aprende desde abajo, en el mejor sentido: jugando, riendo, descubriendo. Nuestra escuela —con las categorías sub10, sub12 y sub14— es el primer paso para decenas de niños y niñas que cada semana llenan de energía el campo de Puio. Aquí el objetivo no es ganar partidos, sino aprender valores, crecer como personas y disfrutar del juego.











